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sábado, 31 de mayo de 2014

El Psicoanálisis Antisistema: I El Psicoanálisis y los Nazis



Se aclara que el carácter combativo o no de una teoría no tiene nada que ver con su validez o invalidez, aunque ciertamente sirve para hacer propaganda.
Este apartado de notas corresponde a la intención de desmentir que el Psicoanálisis es –o fue- revolucionario, antisistema, combativo, de izquierda, o lo que fuere. Estas alegaciones son relativamente ficticias, en tanto el Psicoanálisis no supone ni una revolución política, ni ideológica, ni científica. Es más, como se verá a continuación, institucionalmente colaboró con  los poderes de turno, a veces de una manera abyecta.


Uno de los mitos modernos del Psicoanálisis es su condición de antisistema, en tanto “defiende la subjetividad frente al avance de la estandarización capitalista” y otras imaginativas historias; además de sostener que siempre fue una doctrina perseguida, por ejemplo, por los nazis, y favorecer el falso argumento de que si los nazis eran malos, todo lo que no les gustaba debía ser bueno.

Pues bien, a los nazis les gustaba el Psicoanálisis, como otras tantas pseudociencias.



Frente a la Ley de Arianización de 1933, la IPA (International Psychoanalytical Association), con Jones a la cabeza y Freud detrás, decidió salvar la DPG (Sociedad Psicoanalítica Alemana), empezando por dejar la dirección en manos de dos arios puros, Felix Boehm y Karl Mueller-Braunschweig, y continuando con la expulsión de todos los miembros judíos en 1935, en una sesión presidida pos Ernest Jones, Presidente de la IPA. Ya antes Freud había aceptado expulsar a Wilhelm Reich, por sus ideas políticas.
Esto nos cuenta Jones en su biografía de Freud:

“El problema inmediato era la reciente orden en el sentido de que ningún judío podía formar parte de un consejo científico. En opinión de Freud el simple cambio de personas, en esto, no impediría de ningún modo que el gobierno terminara por proscribir el psicoanálisis en Alemania.
Así y todo, no consideraba prudente el darles el pretexto que significaría el abstenerse de realizar el cambio ordenado y fue así como consintió en que Eitingon fuera reemplazado por Boehm en la Comisión”.

“En junio de 1933 la Sociedad Alemana de Psicoterapia cayó bajo el control de los nazis y poco después, ya bajo el rótulo de ‘Sociedad Médica General Internacional de Psicoterapia’, fue ‘reajustada’ de acuerdo con los principios de la «Revolución Nacional Alemana». El Reichfübrer Dr. M. H. Goring hizo saber a todos los miembros de la Sociedad que deberían realizar un estudio intenso del Mein Kampf de Hitler, que debería servir de base a sus tareas.
“(La presidencia) fue ocupada  por C.G. Jung, designado también para dirigir el órgano oficial de la Sociedad, el Zentralblatt für Psychotherapie, y en 1936 se le unió, como codirector, el mismo Goring.
(…)
“En noviembre de 1933 dos psicoterapeutas oficiales nazis se presentaron a Boehm y Müller-Braunschweig para hacerles saber que la única posibilidad de que se autorizada el psicoanálisis en Alemania consistía en que todos los miembros judíos de la Sociedad fueran excluidos de la misma.
El doctor Goring, primo del Reichsfülzrer, fue designado Presidente de la ya citada Sociedad Médica General de Psicoterapia y ·su función era la de unificar, en todo lo posible, todas las formas de psicoterapia e imbuirlas, en lo posible, de los objetivos del nacionalsocialismo.
(…)
“En de julio de 1936 me reuní en Basilea con Goring, Boehm y Müller-Braunschweig. También fue Brill. Encontré en Goring una persona sumamente amable y dúctil, pero resultó después que no estaba en condiciones de cumplir las cosas que me prometió acerca del grado de libertad de que gozaría el grupo psicoanalítico.”



Karl Mueller-Braunschweig, escribía, feliz, en el semanario nazi “Reichswart” que

 “El psicoanálisis se esfuerza por transformar a los gozadores impotentes en hombre aptos para la existencia, a las persona con instintos bloqueados en personas con instintos seguros, a los soñadores y espíritus quiméricos en individuos que traten a la realidad de hombre a hombre (...) a los disgustados, conducirlos sin falta al servicio de la vida.”

  En 1938 la DPG se convirtiría en el Grupo A del Instituto Göering, de Mathias Göring (llamado Papi por los miembros de la Institución, por su carácter “gentil y bonachón”) dirigida durante un tiempo por Jung, que escribía esto:
  “El inconsciente ario... contiene gérmenes creativos de un futuro aún muy prometedor... la raza judía tiene según mi experiencia un Inconsciente, que poco se puede comparar con el ario... El inconsciente ario tiene un mayor potencial que el judío... a mi modo de ver ha sido un error de la psicología médica utilizar categorías judías, que ni siquiera son atribuibles a todos los judíos, a eslavos o germanos cristianos. A través de ello ha condenado el preciado secreto del alma germana, su alma creadora e intuitiva al lodo de un modo infantil y banal, mientras mi previsora voz fue durante decenios sospechosa de antisemitismo. Esta sospecha provino de Freud. El no conocía el alma germana... ¿Dónde estaba su fuerza (la del alma germana) y empuje cuando aún no había nacionalsocialismo?  Estaba escondida en esa alma germana, en su profunda base que es todo menos el estercolero de los deseos infantiles no realizados y los resentimientos familiares irresueltos...”
  También propuso eliminar  “los puntos de vista claramente judíos de Adler y Freud con sus características netamente destructivas.



En 1938, Hitler recibía esta hermosa carta:

   “ ‘La Asociación General Médica de Psicoterapia’ le agradece su gran interés en nuestro Instituto  Alemán de Investigación Psicológica y Psicoterapéutica y le asegura nuestro total compromiso en el sentido del nacional socialismo. 
  Nos alegramos de encontrar tanta comprensión en tan altas esferas. La base de ello la da nuestro estado nacional socialista y nuestro Führer. A él debemos que la Ciencia, así como nuestro trabajo pueda desarrollarse sin interferencias. Hoy de mañana el siguiente telegrama ha sido enviado:
  “En nombre del “Instituto...” le doy a Ud, mi Führer juramento de fidelidad inquebrantable.“
  El Führer, replicaba, gentil:

“Agradezco al “Instituto...” por su juramento de fidelidad y el anuncio de su fundación.  Les deseo el mayor de los éxitos en su trabajo.”  (firmado) Adolf Hitler.

  Herbert Linden, Kemper (que luego huiría para fundar asociaciones psicoanalíticas en Brasil) y Boehm dedicaban su tiempo al tratamiento de homosexuales, neuróticos de guerra, cuando no aplicaban la eutanasia para desembarazarse de los pacientes no aptos, como los homosexuales, los psicóticos, los alcohólicos, los somnolientos y… los menores de 21 años…




Recuérdese que todos estos cambios se dan con la aprobación de Freud, y Jones. Y realmente no les salió mal la intriga; la etapa que va de 1933 a 1944 fue la de mayor propaganda y aceptación del Psicoanálisis en Alemania.

  Acaso por este golpe de fama –algo enturbiado por unos cuantos pequeños delitos de lesa humanidad- Félix Boehm, Karl Müller-Braunschweig, y otros analistas formados bajo la bandera roja y blanca fueran admitidos en la Asociación Internacional de Psicoanálisis entre 1947 y 1953.
  Aunque hay que decir que, en el Congreso XVI de la IPA, los miembros nazis fueron castigados duramente… mirándolos mal, según nos refiere Roudinesco:

“La nación más "vergonzosa" y más humillada era Alemania, representada por aquellos que habían colaborado con el régimen nazi.“

  En Francia, durante la ocupación nazi, Jones trataría un nuevo acercamiento,

  Roudinesco, en el tercer tomo de la Historia del psicoanálisis nos cuenta

  “(René laforgue) fue el único que intentó, con Matthias Goring, una política de colaboración que se saldó con un fracaso completo.”

“René Laforgue: no teniendo a nadie a su alrededor para emprender aquel camino, no pudo convencer a Goring de "arianizar" a un grupo que no tenía ya existencia real.”

René Laforgue era amigo de Lacan, al igual Eduoard Pichon y Hesnard. Todos, incluido Lacan, eran miembros del grupo de ultraderecha Acción Francesa, liderado por el chauvinista Charles Maurras.

Ni Freud ni Lacan escribieron nunca nada en contra del nazismo.

Freud decía lo siguiente en “Psicología de las masas” (1921)

“El conductor de la masa, sigue siendo el temido padre primordial; la masa quiere siempre ser gobernada por un poder irrestricto, tiene un ansía extrema de autoridad: según la expresión de Le Bon, sed de sometimiento. El padre primordial es el ideal de la masa, que gobierna al yo en remplazo del ideal del yo.”

Y en 1933 le enviaba de regalo a Mussolini un libro con la dedicatoria:

"De parte de un anciano que saluda en el Duce al héroe de la cultura". 


Lacan, amigo de colaboracionistas nazis como Pierre Drieu de la Rochelle, o Heidegger y miembro de Acción Francesa, pasó todo el período de la ocupación en silencio, y lamiendo ocasionalmente las botas alemanas para poder cruzar de la Francia ocupada a la Francia libre, y poder engañar a su esposa con la ex mujer de un amigo.
Tampoco dijo una sola palabra acerca de las bestialidades coloniales de Francia en Argelia.

Para evitar argumentos tales como “todo eso lo escribió un conductista-capitalista-vampiro con la intención de ensuciar el Psicoanálisis y su gesta emancipadora”, se advierte que la presente nota fue redactada tomando por base mayormente textos de psicoanalistas, como la biografía de Freud escrita por Ernest Jones, o el tercer tomo de La historia del Psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco, además de las fuentes abajo citadas:


  
Una relación de silencios, sumisión, cuando no de oportunismo, florecimiento y colaboración puede hallarse entre las sociedades psicoanalíticas y otras dictaduras, pero dejaremos ese tema para otra publicación.



El Psicoanálisis y el Fraude. Fraudes de Freud: I Über Coca.



Paciente: Ernst von Fleischl-Marxow
Médico: Sigmund Freud.
Aflicción: Morfinomanía.
Terapia empleada: Cocaina…
Resultado: Multitoxicomanía.

Resumen del Caso: Mientras el paciente se hacía adicto a dos drogas gracias a su terapia, Freud inventaba resultados milagrosos que publicaba y defendía de manera deshonesta e irresponsable.

Entre los muchos mitos del Psicoanálisis está el de la Honestidad de Freud. Aunque parezca difícil de creer, la honestidad de Freud es casi parte de la teoría del Psicoanálisis, en tanto la confirmación de las hipótesis dependía de la clínica, una instancia en la que no había testigos. Por lo tanto, la única “prueba” de las afirmaciones de Freud era su incontestable honestidad.
Como siempre, esta honestidad es un invento de Freud, quien escribe con notable descaro:

“Además, quizá sea consecuencia de mí práctica del psicoanálisis que apenas pueda mentir ya.”  (Psicopatología de la vida cotidiana, 1901).



El argumento es así: “Freud nunca miente, porque es honesto, y la prueba de la honestidad de Freud… es que nunca mentía…” No señalaremos las semejanzas con el argumento circular de Dios y La Biblia que repiten candorosamente los evangelistas.

Sin embargo, Freud era sumamente deshonesto y mentiroso, algo que no ignoran los psicoanalistas más o menos informados.

Roudinesco, en el “Diccionario de Psicoanálisis” escrito en colaboración con Michel Plon, informa:

“Soñando con lograr celebridad y dejar de ser pobre para poder casarse, creyó descubrir las virtudes de la cocaína, y la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, afectado de una enfermedad incurable. No advirtió la dependencia inducida por la droga, e ignoró su acción anestésica, que iba a ser descubierta por Carl KolIer”.

La “enfermedad incurable” era en realidad un dolor crónico derivado de una amputación del pulgar.
La historia también la relata Ernest Jones en su “Vida y Obra de Sigmund Freud”, con algunos retoques (todas las citas a partir de este punto corresponden a la “Vida y Obra de Sigmund Freud”, de Ernest Jones):

“Decidió, al mismo tiempo, ofrecer la droga a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow (1846-1891)…”

El tratamiento comenzaría en Mayo de 1884.

Freud nos comenta los enormes progresos de su paciente, que habría dejado la morfina, y estaba en vías de recuperación. Sin embargo, esto era falso: Ernst von Fleischl-Marxow había desarrollado una multitoxicomanía que luego lo llevaría a la muerte.
“Fue en ocasión de un informe que había leído en la Detroit Medical (sic) Gazette, acerca del uso de la droga para ese fin. Fleischl se abrazó a la nueva droga  <<Como un hombre que se está ahogando>> y a los pocos días la estaba tomando en forma continuada”.

La Detroit Therapeutic Gazzette era, en gran medida, un órgano de propaganda de la compañía Parke-Davis, cuyo producto estrella era la cocaína. Eran tiempos inocentes, en que a nadie le parecía sospechoso que el editor de esa publicación, fuera también uno de los dueños de la compañía, George S. Davis.

Freud se entusiasmó tanto con la droga que empezó a tomarla él mismo –y estuvo 12 años tomándola- y la recomendó a amigos, pacientes y familiares.

“Envió cierta cantidad de droga a Marta, <<para hacerla fuerte y dar color rojo a sus mejillas>>, la ofrecía insistentemente a sus amigos y colegas, tanto para ellos como para sus pacientes, y se la dio a sus hermanas”.


“Describió un caso visto por él (el de Fleischl), en el que había empleado la cocaína en el proceso de hacer desaparecer una adicción a la morfina”.
“( Von Fleischl-Marxow) Tomaba grandes dosis de morfina, con las consecuencias habituales. Freud pudo ver por primera vez esta situación durante una corta visita que le hizo en octubre de 1883”.
“En esa época Fleischl tomaba dosis enormes de cocaína; Freud observó que había gastado en esto nada menos que 1.800 marcos en los tres meses últimos, lo que significaba un gramo entero por día…”

Sin embargo, de este período datan dos textos de Freud, “Über Coca” (“Sobre la coca”, de Julio de 1884) y “Coca” (de Diciembre de 1884), en los que Freud relata los hechos de una forma mucho más imaginativa:

“ Durante los primeros días de la cura consumió 3 decigramos de cloruro de cocaína diariamente, y al cabo de diez días pudo abandonar totalmente las tomas de coca.
Así, pues, el tratamiento de la adicción a la morfina mediante la coca no supone simplemente cambiar un tipo de adicción por otro: el adicto a la morfina no se convierte en un coquero.” (Über Coca, 1884)

Poco tiempo después de publicar este artículo, Freud le escribe a su prometida que Fleischl sigue tomando coca regularmente, lo que no le impide publicar lo siguiente:

El profesor Fleischl de Viena ha confirmado que el cloruro de cocaína es valiosísimo, utilizado mediante inyecciones subcutáneas, para tratar el morfinismo (de 0.05 a 0.15 gramos disueltos en agua). Se utiliza la técnica de reducir gradualmente las dosis de morfina e ir elevando paralelamente las de cocaína. Si se quiere producir una abstinencia brusca de morfina es necesario aumentar la dosis de cocaína hasta llegar a inyecciones de 0.1 gramos. Gracias a ella es posible prescindir totalmente de los asilos para alcohólicos; se puede conseguir una curación radical en diez días inyectando 0.1 gramos de cocaína tres veces al día.” (Coca, 1884).

Como vemos, el Dr. Fleischl  había pasado de paciente a colaborador. Lo cierto es que en 1884, Freud escribe a Martha Bernays que el consumo de cocaína de Fleischl llega a “un gramo por día” (carta a Martha Bernays, 26 de Junio de 1885).
De hecho, el paciente empezaba a tener alucinaciones típicas de la cocainomanía, como la formicación, sensación de tener insectos reptando bajo la piel.

“En la primavera de 1885, Freud dio una conferencia en la que expuso el panorama general de la cuestión. Lo que el uso de la cocaína demostraba, en algunos casos, era la posibilidad de remover químicamente cierto agente perturbador, de carácter desconocido, que actúa por vía central. Admitía que en algunos casos de adicción a la morfina no era útil, mientras que en otros era de gran valor.”

¿En cuáles? Pues había visto un solo caso, y este fue un fracaso total.



“No había visto casos de adicción a la cocaína. (Esto era antes de que Fleischl sufriera la intoxicación cocaínica.) Podía decir, pues, que en algunos casos: «yo aconsejaría sin vacilación la administración de cocaína por vía subcutánea de 0,03 a 0,05 gramos por dosis, sin temor alguno a la acumulación de la droga

Las fechas no coinciden. Albrecht Erlenmeyer, un experto de la época en cuanto a toxicomanías, publicó una dura crítica, afirmando que la cocaína no sólo no curaba la morfina, sino que además provocaba adicción, y acusó a Freud de haber traído el tercer “azote de la humanidad” (además del alcohol y la morfina).

“En un artículo que se publicó el 9 de julio de 1887 en la Wiener Medizinische Wocshenschrift, Freud ofreció una réplica -más bien tardía- a todas las criticas”.

Su defensa se basaba en:

“… el hecho de que no se había sabido (hasta ese momento) de ningún caso de adicción a la cocaína que no fuera en morfinómanos. Freud sugería, a este respecto, que sólo estos últimos podían ser víctimas de una adicción a la cocaína”.

Pero, ¿no había publicado antes lo contrario?

“Ningún hábito de esta índole se adquiría, como era creencia tan generalizada, como resultado directo de absorber una droga nociva, sino que se debía a cierta peculiaridad del paciente”.

Divierte encontrar esta constante del pensamiento freudiano: si el tratamiento no resulta, es culpa de los pacientes, sus resistencias, su mala fe, etc.



“El segundo aspecto de su defensa era más equívoco. El factor variable al que habría que atribuir los diferentes efectos de la cocaína en diferentes personas sería, para él, la labilidad de los vasos cerebrales: allí donde la presión de los mismos se mantiene estable, la cocaína no tendría efecto alguno; en algunos otros casos produce una hiperhemia favorable, y en otros, por fin, un efecto tóxico. Como no era posible determinar esto con la antelación debida, era imperativo abstenerse de dar inyecciones subcutáneas de cocaína en todos los casos de enfermedad interna o nerviosa”.

Es exactamente lo que recomendaba en 1884, inyecciones subcutáneas de cocaína

“Por vía bucal la cocaína era innocua, mientras que, administrada por vía subcutánea, resultaba algunas veces peligrosa. Nuevamente invocaba el caso Fleischl (sin citarlo) como el primer caso de morfinomanía curado por la cocaína”.

Esto lo decía Freud en 1887, mientras Fliechl era adicto a dos drogas, y alucinaba con insectos.

“En las alusiones a sus trabajos anteriores que hace en su artículo de defensa en 1887, en el que señala la inyección subcutánea como causa del peligro que implica el uso de la cocaína, Freud hace caso omiso del trabajo de 1885 en que recomendaba calurosamente las malhadadas inyecciones. Este artículo es excluido también en 1897, cuando confecciona la lista de sus trabajos para aspirar al título de Profesor”.

De hecho el artículo se perderá y no será incluido en las obras completas en vida de Freud.

Ernst von Fleischl-Marxow moriría 4 años después, el 22 de Octubre, en Viena.

El caso es tan conocido que hasta se menciona en la entrada de Wikipedia:


En la “Vida y Obra de Sigmund Freud”, de Ernest Jones (Tomo I)


O en el caso descripto por Mikkel Borch-Jakobsen.







El Psicoanálisis y el Fraude- Fraudes de Freud II Anna O.

El extraño caso del Doctor Breuer y la Señorita Pappenheim.

Anna O. (Bertha Pappenheim).

Paciente: Bertha Pappenheim
Terapeuta: Joseph Breuer.
Aflicción: indeterminada, probable simulación.
Terapia empleada: “terapia parlante”, hipnosis con naranjas, morfina y cloral.
Resultado: Agravamiento, termina la terapia internada en un manicomio.

El caso de Anna O. fue  redactado por Breuer, y considerado como el caso princeps, el caso fundador del Psicoanálisis, desde su publicación  en 1895 en el libro “Estudios sobre la histeria.”
Según refiere Breuer, Anna O. tenía 21 años cuando contrajo la enfermedad. Hija de una familia de buena posición, Anna era atractiva, inteligente y culta. Si bien hablaba 6 idiomas, había recibido la educación común a la época para mujeres: equitación, piano, tejido, y religión.
Sus síntomas, según Breuer, incluían gritos, llantos, visión y audición selectiva, ausencias, parálisis, contracturas, temblores, convulsiones, neuralgias, anemia, doble personalidad, alucinar con serpientes, cráneos y esqueletos, y cosas muchas más extrañas como perder el uso del alemán nativo y comunicarse únicamente en inglés o toser cuando escuchaba “música bailable”.
También insultaba, se alimentaba sólo con frutas o melones, arrojaba almohadas, rompía ventanas, se trepaba a los árboles, e intentaba suicidarse.
Así la había hallado Breuer a Anna en Diciembre de 1880, cuando inició el tratamiento, que además de dosis generosas de morfina y cloral, consistía en escuchar sus fantasías. Supuestamente, cada síntoma estaba vinculado con un hecho de su historia pasada, de modo tal que al descubrir ese hecho, el síntoma desaparecía.
El origen de los síntomas es explicado así por Breuer:

“Ponerse sorda por sacudimiento en carruajes: que su “hermano más joven la había sacudido en tren de reyerta una vez que la sorprendió espiando a la puerta del dormitorio del enfermo (su padre).”
“Ponerse sorda por terror a un ruido”: se debía a “un ataque de ahogo que sufrió su padre tras atragantarse.”
Según refiere Breuer, que hipnotizaba a la paciente mostrándole una naranja, “cada síntoma desaparecía tras el relato de la primera ocasión.”
Breuer asegura que Anna…

 “…quedó libre de las incontables perturbaciones a que antes estuviera expuesta. Dejó entonces Viena para efectuar un viaje, pero hizo falta más tiempo todavía para que recuperara por completo su equilibrio psíquico. A partir de ese momento gozó de una salud perfecta.” (Estudios sobre la histeria, 1895).

Más adelante habla de “La curación final de la histeria…”
Freud avalaba esta historia, en tanto la repitió a lo largo de toda su carrera; en  “Histeria”, de 1888, escribía:

“Este método de tratamiento es joven, pero consigue éxitos terapéuticos imposibles de obtener de otra  manera.”

En “Contribución al Movimiento Psicoanalítico”,  de 1914, Freud dice esto sobre el caso:

"Ahora  tengo  fuertes motivos para conjeturar que, tras eliminar todos los síntomas..."

En 1916, Freud insiste, en “Conferencia 17, de Conferencias de Introducción al Psicoanálisis”:

“Y de hecho, por este camino Breuer restableció a su paciente histérica, vale decir, la liberó de sus síntomas; halló una técnica para hacerle llevar a la conciencia los procesos inconscientes que contenían el sentido del síntoma, y los síntomas desaparecieron”.

El hallazgo de Breuer es todavía hoy la base de la terapia psicoanalítica.”

En su artículo de la enciclopedia de 1923, Freud continúa fabulando:

“Entre 1880 y 1881,(…) Mediante la repetición consecuente de idéntico, laborioso procedimiento, pudo liberarla de todas sus inhibiciones y parálisis, de suerte que al final su empeño se vio recompensado por un gran éxito terapéutico, así como por inesperadas intelecciones sobre la esencia de la enigmática neurosis”.

Y  lo sigue haciendo en su Autobiografía, de 1925:

"Breuer consiguió liberar a su enferma de todos sus síntomas por medio de este procedimiento, merced a un trabajo prolongado y arduo. (…) La enferma se restableció y quedó sana en lo sucesivo, y aun se volvió capaz de significativos logros."

El análisis de Anna O. (Bertha Pappenheim) se inició en Diciembre de 1880 y finalizó el 7Junio de 1882, cuando fue dada de alta y, sin embargo, internada en la clínica privada Bellevue, en Gross-Inzendorf, Suiza, a la cual llegó con todos sus síntomas, y también con una adicción a la morfina y al cloral, liberalmente administrados por Breuer (hasta 5 gramos de cloral por día, algo que él mismo reconoció más tarde, arrepentido).
Es decir que la paciente fue dada de alta para ingresar a un manicomio
Freud conocía estos hechos, pues los refiere en una carta de Agosto, de 1883, a Martha Bernays:

"Bertha está de nuevo internada en el sanatorio de Gross-Enzensdorf. Breuer habla constantemente de ella y desearía que la pobre mujer muriese para que dejara de sufrir".

Y en otra carta a Sweig, del 2 de Junio de 1932, refiere que Bertha…

“…luchó todavía durante meses en un sanatorio para poder re­cuperar la salud.”

El mismo autor que revelaría el nombre real de Anna O. y desencadenaría la crítica histórica, no fue otro que Ernest Jones, el biógrafo oficial de Freud, que no obstante, refiere así el caso:

 “El estado de la pobre enferma no mejoró tanto como lo haría suponer la observación escrita de Breuer. Tuvo varias recaídas y hubo de ser instalada en una casa de salud en Gross-Enzersdorf. Un año más tarde de haber dejado de cuidarla, Breuer le confió a Freud que ella estaba totalmente desequi­librada y que le deseaba la muerte para que quedase así liberada de todos sus sufrimientos.”

Ellenberguer, el historiador de la psiquiatría, fue acaso el primero en seguir la pista de Anna O. Su conclusión es que…

“El "prototipo de una curación catártica" no fue ni una curación ni una catarsis. Anna O. se había con­vertido en una morfinómana grave que había conservado una parte de sus síntomas más manifiestos.”

Sin embargo, la fabulación freudiana no terminaría con aceptar la curación imaginaria de la paciente. Como parte de su doctrina proponía la etiología sexual de la histeria, había que agregarle sexo al caso. Y Breuer cometió el error de referir que el “elemento sexual estaba asombrosamente no desarrollado”.

Freud comenzó a contar entonces que Anna había sufrido un parto histérico –cuya causa imaginaria era Breuer-  el día que fue dada de alta. Esta historia añadía al caso el ansiado “elemento sexual”. Sin embargo, era falsa.

La hipótesis de las fantasías de embarazo fue propuesta por Max Eittington en un Seminario psicoanalítico en 1909. Freud la transformaría en un hecho que circularía en las catacumbas psicoanalíticas hasta que la hiciera pública Jones en su voluminosa biografía, en 1953.
Paul Homburger, el apoderado de la difunta Bertha Pappenheim acusó públicamente de difamación a Jones en el periódico Aufbau, el 20 de Junio de 1954.
Así de riguroso es el método psicoanalítico: una hipótesis de alguien que nunca vio a la paciente se convirtió en un hecho histórico.
La verdadera Bertha Pappenheim se restableció recién en 1888, 6 años después de ser “curada” por Breuer, y luego de salir y entrar de clínicas privadas. Publicó dos libros de literatura infantil y se dedicó a la filantropía y el activismo feminista.
Algunos psicoanalistas explican esto como “curación diferida”, o simplemente aducen que, si Bertha no curó, “se convirtió en otra persona”.   

Dora Edinger, la biógrafa y colaboradora de Bertha dijo que esta “destruyó todos los papeles sobre su enfermedad y pidió a su familia en Viena que no diera ninguna información al respecto después de su muerte”, además de aclarar que Bertha “no hablaba nunca de ese  periodo de su vida y se oponía con vehemencia a toda sugerencia de tratamiento psicoanalítico para  las personas que tenía a su cargo”.

Según Guttmann, uno de sus biógrafos, se le atribuye a Bertha esta frase:
“…mientras yo viva, el psicoanálisis nunca entrará en mis establecimientos.”
Murió de cáncer el 28 de Mayo de 1936.
Epílogo.
Acaso nunca se sabrá qué afección tenía Bertha Pappenheim. A lo largo de las revisiones del caso fueron propuestas numerosas hipótesis: sarcoidosis, encefalomielitis aguda, meningitis tuberculosa, ACV, desorden de personalidad, tumor cerebral, etc. También se le adjudicaron sus síntomas a la morfinomanía, o a la simulación.
Particularmente la simulación parece la opción más viable, e incluso es algo que la misma Bertha aseguraba a su médico. Sin embargo, Breuer, que decía que todo el relato de Anna era “confiable”, se permitía dudar sólo en este punto.

Las fuentes son variadas:
Kaplan, R., Anna O. Being Bertha Pappenheim, resume las fuentes principales.
Freud y Breuer, Estudios sobre la histeria (1895).
Swales, P., Freud, his teachers and the birth of psychoanalysis (1986).
Ellenberguer, H., El descubrimiento del inconsciente  (1970).
Borch-Jakobsen, M., Remembering Anna O., a century of mystification (1996).
Borch-Jakobsen, M., Les Patients de Freud (2011).
Jones, E., Vida y obra de Sigmund Freud (1953).
Gay, P., Freud, a life for our time (1989).

Hirschmuller, A., Vida y obra de Joseph Breuer (1989).

El Psicoanálisis y el Fraude- Fraudes de Freud VI- El hombre de las Ratas (Primera parte)

El Hombre de las Ratas, o el Hombre Cartel, Ernst Lanzer.
  


Paciente: Ernst Lanzer.
Terapeuta: Sigmund Freud.
Aflicción: Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Terapia empleada: Psicoanálisis.
Resultado: éxito parcial, según los padres del paciente; aunque aparentemente Lanzer abandonó la terapia.

Resumen del caso: Freud desfigura todo lo posible el historial clínico para que se acomode a sus teorías. Inventa nombres, circunstancias, personas, etc.

En una carta a Jung, del 19 de Abril de 1908, Freud comunicaba que “no tenía un solo caso terminado que pueda ser visto como un todo”. Una semana después presentaría el caso que analizamos en el primer Congreso Internacional de Psicoanálisis (Salzburg, 1908). Con claros fines de propaganda, el caso fue presentado como un éxito terapéutico, aún cuando el paciente había sido tratado durante 11 meses, con una frecuencia decreciente, hasta que abandonó la terapia.

Sin embargo, según Freud se llegó a…

“…la  restauración completa de la personalidad del paciente, y a la supresión de sus inhibiciones”.

Aunque en una carta a Jung, (Octubre de 1909) decía algo diferente:

“Afronta la existencia con valor e inteligencia. El punto en el que sigue enganchado (padre y transferencia) se mostró de forma distinta.”

El Hombre de las Ratas, que se llamaba en realidad Ernst Lanzer, fue a ver a Freud por primera vez en octubre de 1907. Lanzer tenía ideas obsesivas sobre desgracias que pudieran ocurrirle a su padre –difunto- o a su novia, si él no llevaba a cabo ciertos actos. Estas desgracias se vinculaban a una historia oída en el Regimiento sobre torturas chinas que consistían en hacer introducir ratas en el recto de los condenados.

  Freud supone, en el relato del caso, que la palabra Ratas (Ratten) se vinculaba a una anécdota de juego de su padre (un Spielratten: jugador), al dinero (Raten: cuotas), al casamiento (Heiraten), a la sífilis, a los gusanos, a los penes, a los niños, y a sí mismo, puesto que recordaba un episodio de su infancia en que había sido castigado por morder (como una rata).
La rata de Lanzer significaba unas 8 cosas diferentes, y suponemos que si el tratamiento se hubiese extendido más tiempo, probablemente todo el universo de significados habría de subsumirse en el espacioso roedor.
En definitiva, y como era de esperarse, Freud resuelve que Lanzer tenía la fantasía de tener relaciones anales con su padre y su novia, y eso había desencadenado sus síntomas.

Peter Gay, en su biografía, dice que el caso:

 “…sirvió para apuntalar las teorías de Freud, particularmente  aquellas que postulaban que la neurosis está enraizada en la infancia...”

Y nunca falta el elogio servil de Jones:

estos ensayos superan en mucho, tanto por su presentación como por su contenido original, todo lo que otros analis­tas intentaron escribir”.



El caso está relatado en “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1909).

Como es habitual, la manipulación siempre está presente:

“Al preguntarle yo qué lo movió a situar en el primer plano las noticias sobre su vida sexual, responde que es aquello que él sabe sobre mis doctrinas”.

“…le doy un juicio aprobatorio sobre él, cosa que le produce visible contento.”

Así como las contradicciones:

“…era supersticioso y al mismo tiempo no lo era…”

Las estupideces:

“También dice tener el don de sueños proféticos, de los cuales cuenta el primero.”

Apuntes: “De niño ha padecido mucho de gusanos; probablemente tenía el hábito de meterse el dedo en el ano y fue un gran chancho como su hermano…”

Las interpretaciones arbitrarias y sexuales:

Apuntes: “La dama se encuentra en algún aprieto. El toma sus dos espadas japonesas y la libera. Con las dos en el puño se precipita allí donde conjetura que está ella. Sabe que las dos significan matrimonio y coito”.

Apuntes: “Sospecho que fue llevado a la sexualidad por sus hermanas, quizá no de manera autónoma, sino seducido”.

Apuntes: “Los detalles contados apenas dejan dudas de que este hombre (un oficial) ha atacado sexualmente a la niña (la novia del paciente), y halló solicitación en algo dentro de la niña misma (?), de lo cual ella no tenía noticia: el amor trasferido de su propio padre, que le faltaba desde hacía seis años”.

La homosexualidad:

Apuntes: “Con Braun ha tenido relaciones homosexuales cuando él tenía 14 años, se han contemplado recíprocamente el pene (?)”.
Meme de la foca psicoanalista.
Además de estos refuerzos positivos y la reeducación previa, Freud todo el tiempo propone sus propias interpretaciones, e incluso presta libros al paciente.

Veamos como analiza Freud, letra por letra, una palabra inventada por su paciente:

Apuntes: “…dice «GIejisamen»:

gl = glückliche {feliz}, o sea, «colma de dicha a L (Lanzer)»; también: «a todos»
e= (olvidado)
j = jetzt und immer {ahora y siempre}
i= (su presencia aquí es insegura)
s= (olvidado)

Ahora es claro que esta palabra ha nacido de:

GISELA -S –AMEN

…y que él une su semen (Samen) con el cuerpo de la amada; o sea, dicho vulgarmente, se masturba con su representación.”



Es sabido que Freud destruía sus anotaciones luego de publicar los casos (también destruía periódicamente sus cartas y documentos personales). Sin embargo, los apuntes que Freud tomaba cada noche sobre el caso de Lanzer sobrevivieron a Freud, y pueden compararse con el texto final que dio a conocer a sus lectores. A partir de estas anotaciones halladas en el último domicilio de Freud, en Londres, y publicadas en 1955 por James Strachey (Apuntes originales sobre un caso de neurosis obsesiva) se puede tener una idea de lo laboriosas que eran las construcciones psicoanalíticas, y de lo poco que los pacientes colaboraban en ellas. Veamos algunas desviaciones entre los apuntes y el caso publicado:

“…me atreví a formular una construcción: de niño, a la edad de 6 años, él ha cometido algún desaguisado sexual entramado con el onanismo, y recibió del padre una sensible reprimenda. Este castigo habría puesto fin al onanismo, sí, pero por otra parte dejó como secuela una inquina inextinguible contra el padre y fijó para todos los tiempos su papel como perturbador del goce sexual.”

“Una renovada averiguación [del paciente] ante la madre trajo, aparte de la confirmación de ese relato, la noticia de que él tenía entonces entre 3 y 4 años y mereció el castigo por haber mordido a alguien”.

“Pero enseguida se estableció la conexión con aquella escena infantil en que él mismo había mordido…”

Además de que en los apuntes esta “construcción” de Freud fue comunicada un mes antes, en los apuntes no figura ninguna referencia a las mordidas, que Freud saca de la galera para sustentar su vínculo con las ratas, el leitmotiv del caso:

Apuntes: “Pero cuando era muy pequeño (de 3 años) debe de haber hecho algo por lo cual el padre le pegó, y el hombrecito fue presa de una ira terrible y ha insultado al padre. Pero como no conocía insultos, le ha dado todos los nombres de objetos que se le ocurrieron: «¡Eh, tú, lámpara, pañuelo, plato!», etc.”

Según refiere Freud, el paciente tenía “una necesidad  compulsiva” de masturbarse, “poco tiempo después de la muerte de su padre”, con el objeto de sugerir una comprobación a su idea de que el padre reprimía su sexualidad.
Sin embargo, el paciente comenzó a masturbarse alrededor de los 21 años, dos años después de que muriera su padre, y nunca hablo de “compulsiones”:

Apuntes: “…empezó [a masturbarse] alrededor de los veinte años – después de la muerte de su padre, como le pedí que me confirmara, porque había oído hablar de ello…”

Otra desviación considerable es la ovariectomía de la novia de Lanzer:

“La dama a quien admiró durante tantos años, a pesar de lo cual no se podía decidir a casarse (heiraten) con ella, estaba condenada a no tener hijos a consecuencia de una operación ginecológica, la extirpación de ambos ovarios; y aun era esto para él, que amaba extraordinariamente a los niños, la principal razón de sus vacilaciones.”

En realidad, se habría tratado de una ovariectomía lateral, que ciertamente no perjudicaba la fertilidad de la muchacha.
 
Página manuscrita de las anotaciones del caso.
Las distorsiones se consignarán en la segunda parte de la nota. Mencionamos algunas más:

Freud supone que el padre de Lanzer se había casado por dinero, dejando a su verdadero amor, una muchacha pobre, y que el paciente aceptó esta interpretación. Lanzer en realidad siempre la rechazó, según figura en los apuntes, además de rechazar la presunta hostilidad hacia su padre.
Tampoco existiría una supuesta muchacha de la oficina de correos, que Freud inventa para hacer un paralelismo entre padre e hijo, y suponer en ambos el conflicto entre el amor y el dinero:

Apuntes: “…durante la siesta, había racionalizado, por así decirlo, en sueños, una rocambolesca fantasía de reembolso consistente en ir a correos con dos tenientes donde uno de ellos le daría la suma debida al  otro pasando por el intermediario de la “señorita de correos”.

Aunque sin lugar a dudas la más fantástica es la que llamaremos:

El extraño caso de Dick-Richard-Conried, el tío-primo inglés-americano del paciente.

El historial publicado reza:

“Empezó a levantarse de la mesa antes de los postres, a correr por la calle (…) subir luego los montes a paso de carga, hasta que debía detenerse bañado en sudor (...) La solución de este actuar obsesivo sin sentido sólo se le ofreció a nuestro paciente cuando se le ocurrió, de pronto, que por aquel tiempo también la dama amada se hallaba en ese lugar de veraneo, pero en compañía de un primo inglés que se ocupaba mucho de ella y de quien él estaba muy celoso. El primo se llamaba Richard y, como es de uso universal en Inglaterra, lo llamaban Dick (en alemán, «gordo»). Ahora bien, lo quería matar a este Dick, estaba mucho más celoso y furioso contra él de lo que podía confesarse, y por eso se impuso como autocastigo la pena de aquella cura de adelgazamiento.”

Por ejemplo, la nota correspondiente al episodio anterior es la siguiente:

28 de dic. Continuación. Compulsión en Unterach. Le pasa de repente por la cabeza que tenía que adelgazar. Comenzó a levantarse de la mesa —cla­ro está, no tomaba postre— y a correr al sol, hasta que el sudor corría a raudales; entonces se detenía, y se volvía a poner a correr en cortas distancias; trepaba incluso en el monte corriendo de esa forma. Al bor­de de un precipicio abrupto tuvo la idea de arrojarse. Naturalmente, de haberlo hecho hubiese encontrado la muerte ahí. Sobre eso, un re­cuerdo de su vida militar. Cuando estaba haciendo su servicio como voluntario, no le resultaba fácil trepar por los montes, etc.”

Siguen varias consideraciones sobre la vida militar, pero nada sobre la inestable figura del tío-primo Richard-Conried, que debió esperar un mes para aparecer, y cuyo brillante valor asociativo correspondía a Freud, no al paciente:
20 de enero. (…) Una explicación fortuita: sus carreras para evitar a cualquier precio vol­verse gordo están en relación con el nombre del primo de América, Dick (Richard) —palabra puente—. Odio contra este último. Pero esto lo en­contré yo y él no sabe apreciarlo”.


Como vemos, el paciente no halló la solución por sí mismo, que ni siquiera figura entre las notas -y que el paciente rechaza- sino que además, según Borch-Jakobsen, se pudo averiguar que ese primo inglés llamado Richard era en realidad un tío americano llamado Conried.

Como Observa Van Rillaer, Freud supone tácitamente que el síntoma está vinculado a la lengua del paciente: si Ernst Lanzer hubiese sido español, por ejemplo, su odio a un primo llamado Richard nunca podría relacionarse con “adelgazar” (a menos que el primo se apellidara “Gordon”). Aunque, si el primo se llamaba “Delgado”, podemos conjeturar freudianamente que el paciente habría tratado de engordar.
                                     
A medida que nos acercamos al final de las notas, las sesiones decrecen y la hostilidad del paciente aumenta. Bajo el eufemismo “transferencias hostiles” abundan los insultos del paciente, así como también fantasías denigrantes que involucran a la esposa, a las hijas, e incluso a la madre de Freud. Seleccionamos algunas citas, extraídas de las notas del caso:

“El odio contra mí es, entonces, un caso especial del odio a los cuñados…”

 “Se le forma una gran irritación contra mí, la cual se exterioriza en insultos que sólo con gran dificultad expone. Me reprocha ser un hurgador de nariz…”

“…insultos contra mi mujer y mi hija. Una transferencia dice directamente que la Señora de F. puede lamerle el culo (sic)…”

Mi esposa y mi madre han estirado un arenque que… “(prefiero decir que el arenque une a las dos mujeres, de algún modo).

“Algunas transferencias hostiles contra mi”.

“Su hostilidad es mucho más nítida, como si tuviera mala conciencia respecto de mi.”
Las anotaciones finalizan el 20 de Enero, en una nota a pie de página, Freud sólo nos dice:

“El paciente se recobró y la vida le exigió abordar múltiples tareas, ya demasiado pospuestas, que no eran compatibles con la continuación de la cura”.

Fuentes:

Freud: A propósito de un caso de neurosis obsesiva, 1909
Freud: Apuntes a un caso de neurosis obsesiva, 1955
Borch-Jacobsen, Mikkel y Shamdasani, Sonu: The Freud les: an inquiry into the history of psychoanalysis, 2012.
 Sulloway, Frank: Reassessing Freud's Case Histories,  1986.
Van Rillaer, Jacques: Las ilusiones del Psicoanálisis, 1980.