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sábado, 31 de mayo de 2014

El Psicoanálisis y la Ciencia. Hipótesis Falsadas I. Sexualidad Infantil y Complejo de Edipo.

A menudo se pretende salvar al Psicoanálisis aduciendo que trata temas olvidados por la ciencia o que la ciencia no puede explicar (los sueños, los lapsus, la represión, etc). Esta lastimera objeción siempre acompañó a los religiosos, que pretenden refugiar a Dios en aquello que la ciencia aún no sabe con exactitud (el origen del universo o, en el pasado,  la diversidad de las especies,  por ejemplo).  

Es inútil por dos razones:

A- Es una falacia conocida como ad ignorantiam, consistente en afirmar la verdad o falsedad de una proposición aduciendo la falta de pruebas en su contra.
B- La ciencia sí tiene hipótesis que explican buena parte de los “misterios” de la mente, y a menudo son contrarias a las del Psicoanálisis.

Veamos qué hay en esos rincones oscuros en donde antes reinaba el Psicoanálisis:

1- La sexualidad infantil.
Este es el caso de un hecho que no merece nuevas explicaciones, porque simplemente no existe.
Si bien se ha hablado de sexualidad infantil tiempo antes de Freud, no hay estudios fiables al respecto -Freud, por ejemplo, se basaba en un caso (El Pequeño Hans), que fue psicoanalizado mayormente por correspondencia (Freud lo vio sólo dos veces).
Durante un tiempo circuló el Informe Kinsey (1948), verdadero hito en investigaciones sobre la sexualidad humana, que aún aparece como válido en la red. La verdad es que sus resultados son cuestionables, tanto por la selección de la muestra (pedófilos, prostitutas, población carcelaria, etc.) como por sus varias licencias en cuanto a método: filmar relaciones sexuales en su casa, promover el sexo entre sus colaboradores y encuestados, o procurarse tanta pornografía como para atraer la atención de la Aduana.
En el Informe Kinsey se habla de orgasmos en niños de 5 meses a 14 años. Ante las acusaciones de colaborar con pedófilos, Kinsey finalmente revelaría que su fuente era el Diario personal de Rex King, un laborioso pederasta que había acosado a más de 300 niños.


La fuente única, además de provenir de alguien claramente interesado en hallar la sexualidad en los niños, le resta todo valor a esta parte del Informe Kinsey.



Más metódico y menos depravado, el psicólogo C.W. Valentine había publicado en 1942 “La psicología de la primera infancia”, cuya conclusión, con respecto a la sexualidad infantil es:

  “… las ideas sobre la sexualidad infantil sean, en realidad (a) sugeridas por el mismo psicoanálisis, como el mismo Freud sospechó en ocasiones, o (b) entera o parcialmente interpretaciones del mismo paciente y/o exageraciones de sensaciones o impulsos relativamente leves, o (c) en gran parte ciertas pero sólo en unos cuantos casos anormales.”

Hoy en día sabemos que el hipotálamo, encargado en parte de la excitación sexual, es idéntico hasta los 4 años de edad, y luego comienza a desarrollarse paulatinamente. La hipófisis tampoco segrega las hormonas involucradas en la sexualidad, como la oxitocina y la vasopresina.

La OMS sigue sin dar resultados si se busca “sexualidad infantil” en su página…


Desde un punto biológico, no tiene ningún sentido un comportamiento sexual cuando el individuo no está preparado para procrear. A este respecto debe recordarse que la sexualidad  según Freud acompaña al niño desde el nacimiento.

En “Esquema de Psicoanálisis” (1938), Freud nos informa que:

“a. La vida sexual no comienza sólo con la pubertad, sino que se inicia enseguida después del nacimiento con nítidas exteriorizaciones”.
Y:
“b. Es necesario distinguir de manera tajante entre los conceptos de «sexual» y de «genital». El primero es el más extenso, e incluye muchas actividades que nada tienen que ver con los genitales”.

En este punto, simplemente no estamos hablando se “sexualidad” pues no hay razón alguna para llamar “sexualidad” al mero placer. Más adelante Freud insiste:

“Muy temprano, en el chupeteo en que el niño persevera obstinadamente se evidencia una necesidad de satisfacción que -si bien tiene por punto de partida la recepción de alimento y es incitada por esta- aspira a una ganancia de placer independiente de la nutrición, y que por eso puede y debe ser llamada sexual”.

¿Con qué fundamento? Ninguno. Para Freud tomar un helado es sexual.
Hablar de sexualidad infantil es tan lícito como hablar de lactancia senil.



2- El Complejo de Edipo.

Francamente, si no existe la sexualidad infantil no tiene mucho sentido desbaratar la hipótesis del Complejo de Edipo, en el cual la sexualidad es claramente lo que llamamos comúnmente sexualidad. Veamos lo que dice Freud al respecto:

En “Moisés y el monoteísmo”(1939):
“… el niño empezó a excitar con la mano su pequeño pene y a ensayar diversos ataques sexuales a su madre, identificándose con el padre, en cuyo lugar se ponía. Esto siguió hasta que al fin recibió de la madre la prohibición de tocarse el miembro y, además, oyó de ella la amenaza de que se lo diría al padre, quien, como castigo, le quitaría el miembro pecador”.

En “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico” (1916), Freud nos confiesa:
“… este oscuro sentimiento de culpa brota del complejo de Edipo, es una reacción frente a los dos grandes propósitos delictivos, el de matar al padre y el de tener comercio sexual con la madre.”

Como vemos, en Freud se trata de sexo puro y duro, sin atenuantes o estructuralizaciones lacanizantes.

Para Lacan el Complejo de Edipo es algo mucho más complicado, pero igualmente ridículo:

Entre el niño y la madre se interpone el falo imaginario. La madre quiere el falo, y se sabe en falta –porque no lo tiene-; el niño, que es el falo de la madre, al mismo tiempo sabe que no “puede simplemente engañar el deseo de la madre con la semejanza imaginaria de un falo: tiene que presentar algo en lo real. Pero el órgano real de la criatura (sea varó o niña) es desesperadamente inadecuado” (recordemos que hablamos de un niño –o niña- de 3 a 5 años). Entonces llega el padre imaginario (hay dos padres), que trae la ley del padre, y se opone al deseo irracional de la madre, castrándola simbólicamente. Gran conmoción. Luego llega el padre real, con su falo real, y castra simbólicamente al niño, que se ve “liberado de la tarea imposible y provocadora de angustia de tener que ser el falo, cuando comprende que el padre lo tiene.
Todo este galimatías cósmico de falos y padres “debe entenderse con referencia a las estructuras clínicas y también a la cuestión de la sexualidad”.

Todo esto lo pueden encontrar en el “Diccionario Introductorio de Psicoanálisis Lacaniano” de Dylan Evans. Las partes citadas son de él.
Para que queden claras las referencias a la sexualidad, citemos de nuevo a Lacan: 

La relación sexual, no existe, pero eso no es tan evidente. No existe, salvo si es incestuosa. Es exactamente eso lo que avanzó Freud – no la hay, salvo la incestuosa, o asesina. El mito de Edipo  designa eso, que la única persona con la que se tienen deseos de acostarse, es la madre, y en cuanto al  padre, se le mata.” (En “La estafa psicoanalítica”, Ornicar, 1979).

Klein, es más imaginativa y nos regala a todos esta maravilla:

La frustración del seno materno lleva a los niños como a las niñas a evitarlo, y estimula en ellos el deseo de una satisfacción oral asegurada por el pene del padre. (…) Los deseos genitales por el pene del  padre, que se mezclan con los deseos orales, son el fundamento de los estadios precoces del complejo  de Edipo positivo en la niña, invertido en el niño”.  
(Ensayos sobre Psicoanálisis, 1948)

En “Psicoanálisis”, Freud nos explica que el Complejo de Edipo es central en su teoría, además de explicar todas las cosas:

“La situación de conflicto más importante que el niño tiene que resolver es la de la relación con los padres, el complejo de Edipo. (…) De reacciones contra las reivindicaciones pulsionales del complejo  de Edipo proceden las realizaciones más preciosas y socialmente las más significativas de la mente  humana, tanto en la vida del individuo como verosímilmente en la historia de la humanidad en general”. 



“En el complejo de Edipo se encuentra el origen de la religión, de la moral, de la sociedad y del arte, y eso en plena conformidad con la tesis psicoanalítica según la cual este complejo forma el núcleo  de todas las neurosis”. 

La refutación de los neurólogos:
Ya habíamos visto que el hipotálamo no se desarrolla tempranamente; que no hay nada que indique sexualidad, y por ende, no tiene sentido hablar de ella.

La refutación de los antropólogos:

Lévi-Strauss: En “Las estructuras elementales del parentesco” (1949) nos dice que “el incesto es socialmente absurdo antes de ser moralmente culpable”, en tanto supone que la prohibición de éste implica más que nada el reverso: la obligación de la exogamia, en tanto el intercambio de mujeres entre grupos favorece las alianzas y la colaboración.

Westermarck: Ya en época de Freud, Westermarck enunciaba el efecto que lleva su nombre: concluía que nadie sentía atracción sexual por aquellas personas con las que había compartido su infancia. Este rechazo natural al incesto puede ser un claro factor evolutivo, puesto que la consanguinidad aumenta gravemente el peligro de malformaciones y enfermedades congénitas.


Arthur Wolf:  Vendría a confirmar ampliamente el Efecto Westermarck, luego de investigar más de 14.000 casos de matrimonios en Taiwán, en los que los futuros cónyuges debían convivir desde niños (matrimonio mayor), o sólo se conocerían de adultos (matrimonio menor), hallando una clara relación entre uniones fracasadas y el matrimonio mayor.  Su conclusión es que "Lejos de concebir una atracción sexual por miembros de la misma  familia, los niños desarrollan una fuerte aversión sexual como resultado de la  asociación inevitable”.
En: “Childhood Association, Sexual Attraction, and the Incest Taboo: A Chinese Case.” American Anthropologist 68:883–98, de 1966.
     “Childhood Association and Sexual Attraction: A Further Test of theWestermarck Hypothesis.” American Anthropologist 72:503–15, de 1970
 
Aquí pueden leer un poco sobre esto:


Malinowski: Investigó las relaciones de parentesco en las Islas Trobriand, donde los niños eran criados por la familia materna, y la figura paterna era actuada por uno de sus tíos, de modo que no había parte masculina con la cual competir por el acceso sexual a la madre. Esto desmoronaba la supuesta universalidad del complejo.
Contestó específicamente al Complejo de Edipo en:
“Sexo y represión en la sociedad primitiva”, de 1927


La Refutación de los sociólogos:

Los sociólogos Lionel Tiger y Joseph Shepher estudiaron más de 2700 casos y gran cantidad de datos administrativos procedentes de los kibutz, en los cuales los niños se crían en común, por una nodriza, sin tener mucho contacto con los padres. El resultado seguía siendo que la familiaridad durante la infancia influía luego en una indiferencia sexual.

 Shepher, J. "Mate selection among second generation kibbutz adolescents and adults: Incest avoidance and negative imprinting” (1971).


Leavitt llega a una interpretación diferente de los datos, y acentúa la influencia de factores educativos en el rechazo al incesto. Aún así, no hay ni siquiera la sombra del Complejo de Edipo:
Leavitt, G.C. ,“Tylor vs. Westermarck: Explaining the incest taboo”. Sociology Mind, 3, 45-51.
(2013)


La refutación de los biólogos:

Además del contenido evolutivo en el Efecto Westermarck, aparentemente un sistema inmunológico similar entre la pareja implicaría una mayor vulnerabilidad ante las infecciones.

Lieberman, D.; Tooby, J.; Cosmides, L. , "Does morality have a biological basis? An empirical test of the factors governing moral sentiments relating to incest” (2003).


También la obligación de la exogamia se da en los monos, que no tienen lenguaje, ni órdenes simbólico-lacanianos:

Arthur P. Wolf and William H. Durham (Editors), “Inbreeding, Incest, and the Incest Taboo: The State of Knowledge at the Turn of the Century”, Stanford University Press (2004).


La refutación de cualquiera que haya visto de lejos un manual de lógica:

La doble formulación del complejo lo convierte en infalsable. Veamos cómo Freud formula su hipótesis, en “El yo y el Ello” (1923):
“Da la impresión de que el complejo de Edipo simple  no corresponde a la situación más frecuente. [...] Muy a menudo, un examen en profundidad saca a  la luz la forma más completa del complejo de Edipo, que es doble: una forma positiva y una  negativa, dependiendo de la bisexualidad original del niño. Eso significa que el niño no tiene  solamente un actitud ambivalente frente al padre y una elección de objeto tierno con respecto a la  madre, sino que se comporta al mimos tiempo como una niña, que manifiesta la actitud femenina de  ternura por el padre y la correspondiente actitud de hostilidad celosa con respecto a la madre”.

Es decir, la hipótesis predice todos los comportamientos posibles: Haga lo que hiciere el niño, el Complejo de Edipo se confirma. Por muy seductor que pueda parecer este mecanismo, es algo que lo eyecta fuera de la ciencia, e incluso fuera de la sensatez. Voltaire se burlaba de las predicciones  afirmando que si dos hombres decían, uno, mañana lloverá, y el otro, mañana no lloverá, inevitablemente al otro día tendríamos a un profeta. Pues bien, Freud es esos dos hombres al mismo tiempo.
De paso podemos refutar también esto, que pretende explicar el apego común a los mamíferos superiores por “el mágico poder del sexo”:

“La atracción sexual actúa también, generalmente, sobre los mismos padres, haciendo que por un rasgo natural prefiera y proteja la madre a los varones, mientras que el padre dedica mayor ternura a las hijas, conduciéndose en cambio ambos con igual severidad en la educación de sus descendientes cuando el mágico poder del sexo no perturba su juicio”.
(Freud, “La interpretación de los sueños”, 1899).

Una sola palabra: Prolactina, hormona reconocida por ser un inhibidor sexual.



El Psicoanálisis y la Ciencia. Hipótesis Falsadas II. Sueños y Lapsus.


 A menudo se pretende salvar al Psicoanálisis aduciendo que trata temas olvidados por la ciencia o que la ciencia no puede explicar (los sueños, los lapsus, la represión, etc.). Esta lastimera objeción siempre acompañó a los religiosos, que pretenden refugiar a Dios en aquello que la ciencia aun no sabe con exactitud (el origen del universo o, en el pasado,  la diversidad de las especies,  por ejemplo).  

Es inútil por dos razones:
A- Es una falacia conocida como ad ignorantiam, consistente en afirmar la verdad o falsedad de una proposición aduciendo la falta de pruebas en su contra.
B- La ciencia sí tiene hipótesis que explican buena parte de los “misterios” de la mente, y a menudo son contrarias a las del Psicoanálisis.
Veamos qué hay en esos rincones oscuros en donde antes reinaba el Psicoanálisis:

1-Los sueños, su interpretación, explicación,  etc.

Empecemos por la teoría, Freud nos dice que los sueños son de “cumplimiento de un deseo”, consciente o no-, y que tienen un “contenido manifiesto” (el obvio: soñamos con un pato) y un “contenido latente” (El pato es en realidad un pene. Es el contenido  que Freud “descifra” con su “método”).
Asegura, en “La Interpretación de los sueños” (1899):

 “Bien se ve cuán cómodamente dispone las cosas el sueño; puesto que su exclusivo propósito es un cumplimiento de deseo, está autorizado a ser un egoísta completo”.

“Repárese tan sólo en que nuestra doctrina no se apoya en la consideración del contenido manifiesto del sueño, sino que se refiere al contenido de pensamiento que se discierne tras el sueño mediante el trabajo de interpretación. Al contenido manifiesto del sueño le contraponemos el contenido latente. Es verdad que existen sueños cuyo contenido manifiesto es de índole más penosa. Pero, ¿alguna vez intentó alguien interpretar esos sueños para descubrir su contenido de pensamiento latente? Si no es así, ninguna de esas dos objeciones nos alcanzan; sigue siendo posible que también los sueños penosos y los de angustia se revelen, después de la interpretación, como cumplimientos de deseo.”

Eso le permite a Freud descubrir que una adolescente virgen que sueña con una lámpara que se le cae encima en realidad… ¡quiere acostarse con un gordo cuarentón casado y amigo de su padre! (al que rechaza y dice odiar y temer en la vigilia, pero ya todos sabemos cómo es Freud).

Según Freud, las defensas del yo se relajarían durante el sueño, lo que hace que los impulsos reprimidos se acerquen al umbral de la consciencia. Pero por obra del “trabajo de sueño”, son transformados en símbolos que disimulan esos deseos ocultos. Sin esa censura, éstos despertarían por la inquietante erupción de lo reprimido (algo que ciertamente no ocurre, pues podemos tener sueños horrendos sin despertarnos).
El analista debe ir más allá del contenido manifiesto y desentrañar  un contenido latente (el significado profundo, encubierto, misterioso, y probablemente inexistente del sueño).



Gracias a esa dilucidación del contenido latente Freud nos puede explicar que un sombrero, un cuchillo, una espada, un tallo, un tronco, un fusil, unos cañones, las serpientes, los peces, las corbatas, el pie, y las lámparas son, en realidad, penes…
Ahora bien, si al soñador le convenía soñar un pene, y no un sombrero, ¿qué sentido tiene soñar un sombrero? ¿Todos soñaron inútilmente hasta los últimos meses del siglo XIX, cuando Freud develaría ese significado profundo?
Veamos cómo se interpreta (Interpretación de los Sueños, 1899):

“… el contenido manifiesto nos es dado como un jeroglífico, para cuya solución habremos de traducir cada uno de sus signos al lenguaje de las ideas latentes.

“Pues bien: el sueño es exactamente uno de estos jeroglíficos…”

Los jeroglíficos egipcios fueron un misterio hasta que se hallara la Piedra Roseta –en 1799-, un cascote que contenía un mismo texto traducido a tres lenguas: demótico, griego, y jeroglíficos, que usaría Champollion para develar el significado de éstos.


Antes de 1799, Athanasius Kircher, era un polímata del siglo XVII, en cuya vasta obra llena de teorías estrafalarias analizó el Manuscrito Voynich, propuso un lenguaje universal, ideó los planos para un piano de gatos, e inventó la linterna mágica. Entre 1650 y 1654 dedicaría su atención a descifrar los jeroglíficos egipcios, con el resultado de no haber acertado en el significado de un solo símbolo.


Majestuoso piano de gatos diseñado por Athanasius Kircher.
No hay razón alguna para creer en las interpretaciones de Freud, ni forma alguna de cotejar su validez (no existe la Piedra Roseta de los sueños).
Sin embargo, la validez de la interpretación del sueño estaría dada, ya por el paciente, que acepta la interpretación, o por su cura.
Ninguna de las dos opciones es atendible: lo que el paciente acepte es indiferente, en tanto no sería la primera vez que alguien aceptó explicaciones idiotas. Y en cuanto a la curación, es una idea risueña, pues Freud no curó un solo paciente en su vida.

Otro punto en contra de la interpretación freudiana es que, si bien tenía en cuenta la elaboración secundaria -el añadido que el paciente hacía al relatar el sueño, que ciertamente lo contaminaba (la memoria no es una cámara fotográfica, y es común que distorsionemos los hechos cuando los recordamos)-, no insistía en eliminar este factor: no pedía que los pacientes tomen nota inmediatamente al despertar, y de hecho tampoco lo hacía él mismo, por lo que más que interpretar sueños interpretaba confusos recuerdos de sueños.

La Refutación de los neurólogos.

La teoría de Hobson –llamado el Anti-Freud- de la Activación-Síntesis hace depender a los sueños del cerebro. Durante el sueño paradójico, que dura unos 90 minutos, el aumento de acetilcolina estimula los centros emocionales del cerebro, mientras una reducción de la serotonina y norepinefrina deprimen las áreas encargadas de la atención, la memoria y el razonamiento. El sueño resultaría un intento del cerebro de dar coherencia a un cúmulo de información sin sentido transmitido por el puente de Varolio.
Si bien los pensamientos y emociones del soñador influyen, no hay nada sobre “cumplimiento de deseos inconscientes”, ni un oscuro trabajo mental para simbolizar y oscurecer el contenido del sueño.
En cuanto a su interpretación, Hobson, en “El cerebro soñante (1992)” nos dice que:

   “… el significado del sueño es por tanto más claro  que oscuro. El contenido de la mayor parte de los sueños es directamente legible sin decodificación.  Al ser el estado onírico abierto, los sueños de los individuos pueden efectivamente revelar estilos de  conocimiento, aspectos de la visión que un individuo tiene del mundo y de las experiencias  históricas específicas de ese individuo.”  


Hobson, J. A., McCarley, R. M., “The brain as a dream state generator: An activation-synthesis”, American Journal of Psychiatry, 134, pp. 1335-1348 (1977).


Hobson, J. A., Pace-Schott, E. F., Strickgold, R., “Dreaming and the brain: Toward a cognitive neuroscience of conscious states”, Behavior and Brain Sciences, 23, pp- 793-842 (2000).



2- Los lapsus.
Freudian Slippers.
 En “Psicopatología de la Vida Cotidiana” (1901), Freud interpreta que los olvidos, lapsus, y el tartamudeo son productos del Inconsciente que, siempre molesto, trata de recordarnos algo que reprimimos.

“La formación de sustituciones y contaminaciones en el trastrabarse (lapsus) es, pues, un esbozo de aquel trabajo condensador al que hallamos como diligente constructor del sueño.”
“Respecto de otros casos de trastrabarse, se puede suponer que la asonancia con palabras y significados obscenos es el perturbador genuino. La desfiguración y deformación deliberadas de las palabras y giros idiomáticos, de que tanto gustan las personas mal educadas, no se propone otra cosa que recordar lo prohibido a partir de una ocasión inocente; y este jugueteo es tan común que no nos asombraría que se abriera paso también de manera inadvertida y contraria a la voluntad”.

Y todo esto minado de ejemplos de anécdotas minúsculas, de personas irrelevantes, con un afán sólo comparable al de una vieja chismosa.
Por ejemplo:

“No quiso su memoria (la de una paciente) comunicar por qué lugar de su cuerpo la tomó la mano indiscreta y voluptuosa del otro. Inmediatamente después de la sesión, va de visita a casa de una amiga y platica con ella sobre residencias veraniegas. Preguntada por la ubicación de su casita en M., responde: «En la cadera del monte {Berglende}», en lugar de «ladera del monte {Berglebne}»”.

Los psicolingüistas realmente estudian experimentalmente los lapsus, y  los atribuyen a la fatiga, el stress, los estados alterados, los nervios, o la ansiedad; y se dividen en dos amplios grupos:

Lapsus por semejanza fonética: “cadera” en vez de “ladera” (o “madera”, etc.).
Lapsus por semejanza semántica: “chino” por “japonés” (o “asiático”, etc.).

Que a su vez responden a la canalización: el cambio de una palabra desconocida por otra semejante, pero familiar.
Y el primado: lo que sea que nos esté preocupando en ese momento.

Carroll, David, Psychology of language (1986).
 Victoria Fromkin. Speech errors as linguistic evidence (1974).
The Relationship Between Tongue slips and the Field of Linguistics Zaynab Abbudi Ali (M. A) (2007).

Los errores mencionados en Freud ofrecen estas dos características:

Lapsus en Freud:
1.         IV 28-29 Freud:           Dr. Nervi          N. . Nerven
2.         34-37     Ferenczi:       Verona            Capua
3.         37-39     Freud:           Calatafini         Castelvetrano
4.         39           Hitschman:   Gilhofen         Gallhof
5.         3940      Sachs:            Pegli                  Peli
6.         4041      Freud:           Bisenz              Bisenzi
7.         4346      Stárcke:         Erdmann        Lindeman
8.         48-50     Reik:               Ben-Hur          Ecce Homo

   Michael T. Motley, sometió a control experimental esta hipótesis:

Los grupos debían repetir conjuntos de dos palabras, sin sentido, pero que eran fácilmente confundibles con otras: por ejemplo, “pindas liernas”.

 Un grupo (A)supuestamente iba a recibir choques eléctricos con cada error,
Un segundo grupo (B), simplemente debía ser entretenido por una asistente atractiva, seductora, y vestida de manera provocadora.
Un tercer grupo (C), de control, llevaba a cabo la prueba sin los alicientes anteriores.
El resultado fue que la suplantación ocurría con mayor frecuencia en aquellos sintagmas que se vinculaban al aliciente del grupo (“Lindas piernas”, en el grupo B), lo que probaba la importancia de la canalización y el primado, pero no hacía comparecer al Inconsciente.

Sebastiano Timpanaro, en Su libro “El lapsus freudiano” (1974), también proponía la canalización, además de analizar –y destruir- el célebre caso del “Aliquis”.

En “Psicopatología de la Vida Cotidiana” Freud relata –o inventa- el caso de un paciente que le refiere mal una frase de Virgilio en la Eneida:

Exoriare  (Aliquis) nostris ex ossibus ultor!”

(Que nazca un  día de mis cenizas un vengador, VirgilioEneida, IV, 625)

Omitiendo ese“Aliquis” (Alguien, alguno).

A instancias de Freud el paciente casual se dedica a relacionar la palabra omitida,  “Aliquis”,  con cualquier cosa: A-liquis, Reliquias, Liquidación, Fluidez, Flujo, Simón de Triento, un artículo sobre San Agustín, un Señor llamado Benedicto, San Jenaro y el milagro de la sangre, etc.

El resultado es que el inconsciente del joven omitió esa palabra por su temor de que su novia esté embarazada, y este temor fue motivado por un retraso…

Pero, ¿estaba en la palabra “Aliquis” todo eso, o simplemente era una preocupación del paciente que iba a relacionar cualquier cosa con dicha preocupación? ¿Ese Inconsciente políglota asocia entre palabras de diverso idioma, como latín y alemán? Convengamos que no es una cadena sencilla de proposiciones la que lleva de Virgilio a un retraso en el ciclo.

Freud resume que esa preocupación causó el lapsus, y lo prueba con una sinuosa cadena de asociaciones (el paciente había reprimido eso, aunque luego se muestra de lo más locuaz al explicarlo y comentar lo que supuestamente reprimió). Pero cualquier cadena de asociaciones podría demostrar lo mismo, e incluso se podría tomar cualquier palabra de la frase (o de la lengua). La asociación va de una lengua a otra, por semejanza fonética o semántica, de modo que no es muy difícil llegar a cualquier cosa.
Timpanaro propone que, si el joven olvidaba la palabra “Exoriare” (Surgir), se podría pasar también a la idea de “nacimiento”, temida por el paciente.
Si olvidaba “Nostris” (Nuestro), se lo podría vincular con el “Padre Nuestro”, o Dios padre, de donde se podría seguir asociando hasta los santos y San Genaro.
Si olvidaba “Ossi” (Huesos), en tanto que los huesos son reliquias típicas de los santos católicos, además de pensar en “Os” (Boca), y en el beso con su novia que lo llevó al problema actual.
Ultor” suena parecido a “Eltern”, padre, en alemán, o “ultimátum”, o el concepto de venganza, ilustrado con el cuento de San Simón de Triento, etc.
Añado yo otra:
Si el joven hubiese olvidado la palabra “pez”, esto se podría relacionar a la vesica psicis, símbolo de los primeros cristianos (y de ahí vamos a los santos); o a la forma de la vesica psicis, aunque piscis también refiere al horóscopo y al calendario, y en alemán “Fisch” suena como en francés “Fisc” (Impuesto, Aduana) y “Fichu” (Malvado, Maldito), en inglés es parecido a “Filch” (Hurtar), y “Fishy” se emplea en la expresión “here's something fishy going on” (aquí hay gato encerrado), además de la alusión a “pescar”, y…



Gracias al “método freudiano” de interpretación caótica es fácil partir de cualquier punto y llegar a ninguna parte.

Sebastiano Timpanaro, The freudian slip (1973).


Aquí un fragmento:








El Psicoanálisis y la Ciencia. Hipótesis Falsadas III. Represión, Abreacción y Catarsis.




A menudo se pretende salvar al Psicoanálisis aduciendo que trata temas olvidados por la ciencia o que la ciencia no puede explicar (los sueños, los lapsus, la represión, etc.). Esta lastimera objeción siempre acompañó a los religiosos, que pretenden refugiar a Dios en aquello que la ciencia aun no sabe con exactitud (el origen del universo o, en el pasado, la diversidad de las especies,  por ejemplo). 

Es inútil por dos razones:
A- Es una falacia conocida como ad ignorantiam, consistente en afirmar la verdad o falsedad de una proposición aduciendo la falta de pruebas en su contra.

B- La ciencia sí tiene hipótesis que explican buena parte de los “misterios” de la mente, y a menudo son contrarias a las del Psicoanálisis.

Veamos qué hay en esos rincones oscuros en donde antes reinaba el Psicoanálisis:

1- La Represión.



Según el “Diccionario de Psicoanálisis” de  Laplanche-Pontalis, “represión” significa:

“En sentido propio: operación por medio de la cual el sujeto Intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de procurar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias”

Según Freud:

“La represión no es un mecanismo de defensa presente desde el origen; no puede  engendrarse antes que se haya establecido una separación nítida entre actividad consciente y actividad inconsciente del alma (sic), y su esencia (sic) consiste en rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella.” (Freud, La represión, 1915).

 “La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis, su pieza más esencial.” (Freud, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, 1914).

“…se trataba de cosas que el enfermo quería olvidar y por eso adrede las reprimió de su pensar consciente, las inhibió y sofocó.” (Freud, Estudios sobre la histeria, 1895).

Pues bien, tal teoría de la represión y el retorno de lo reprimido no ofrece evidencia alguna.
Holmes examinó 60 años de estudios con diferentes pespectivas, para concluir que:

El concepto de represión no ha sido avalado por investigaciones experimentales y su uso puede ser riesgoso para la correcta interpretación de la conducta clínica.”

Holmes, D. S., “The evidence for repression: An examination of sixty years of research”, en J. L. Singer, ed., Repression and dissociation: Implications for personality theory, psychopathology, and health, University of Chicago Press, Chicago, pp- 85-102 (1990)


En el 2008, Yacob Rofé llega a una conclusión similar en “Does Repression Exist? Memory, Pathogenic, Unconscious and Clinical Evidence” (2008).


De hecho, en los casos de hechos traumáticos, la represión en sentido freudiano es tan rara que Harrison Pope propuso un premio de 1000 dólares a quien pueda referir un caso, real o ficticio, anterior  al siglo XIX. No existen tales casos, por lo que la represión podría tratarse de un producto reciente de la cultura occidental.

Pope, H. G., Jr., Poliakoff, M. B., Parker, M. P., Boynes, M., Hudson, J. L. “Is dissociative amnesia a culture-bound syndrome? Finding from a survey of historical literature”, Psychological Medicine, 37, pp. 225-233 (2006).


El lado oscuro de la represión es el falso recuerdo, y el síndrome de falso recuerdo.
La memoria no es fiable, y tiende a distorsionar los hechos, cuando no a inventarlos. El resultado de estas invenciones es el falso recuerdo. Los recuerdos supuestamente recobrados serían invenciones del paciente guiadas por el terapeuta, sin ningún correlato en la realidad. Así, gracias a esta novedosa técnica, numerosos padres fueron acusados de abuso sexual satánico, entre otras cosas.



De hecho, está recomendado no utilizar terapia alguna de “recobramiento de recuerdos”, dada su falta de evidencia y su peligrosidad.



El Real Colegio de Psiquiatras del Reino Unido sanciona a quienes empleen esta terapia:


La gente normalmente se acuerda muy bien de los hechos traumáticos como violaciones, abusos, guerras o accidentes…

Loftus, E. F., Polonsky, S., & Fullilove, M. T., ”Memories of childhood sexual abuse: Remembering and repressing”,  Psychology of Women Quarterly, 18, 67–84 (1994).


O pueden crear recuerdos de hechos que nunca vivieron…

Loftus, E., “Creating false memories”. Scientific American, 277, 70–75 (1997).


Payne, D. G., Neuschatz, J. S., Lampinen, J., & Lynn, S. J., “Compelling memory illusions: The qualitative characteristics of false memories”, en   Current Directions in Psychological Science, 6, 56–60 (1997).


En algunos estudios bastaron no más que tres entrevistas para que un porcentaje oscilante entre el 15 y el 25 % de los participantes fueran inducidos a crear falsos recuerdos.

Loftus, E., “Memory for a past that never was”, en  Current Directions in Psychological Science, 6, 60–65 (1997).


En muchos casos el hecho recordado no existió o, de existir, fue simplemente olvidado, y no reprimido. En los casos de abuso el recuerdo puede retardarse, puesto que en la infancia es interpretado confusamente (recordemos que la sexualidad infantil no existe).

McNally, K,  “Remembering trauma”, Harvard University Press, Cambridge (2003).


Las mujeres que reportan haber recuperado un recuerdo de abuso sexual infantil son más propensas a presentar sesgos de la memoria, a diferencia de mujeres que no “recuperaron” el recuerdo, sino que convivieron con él.

Clancy, S. A., Schacter, D. L., McNally,  R. J., & Pitman, R. K., “False recognition in women reporting recovered memories of sexual abuse”, en Psychological Science, 11, 26–31 (2000).


Al igual que la Amnesia de Hollywood, el supuesto trauma reprimido debe más a la cultura popular y a relatos informales que a estudios controlados. Es común recordar con desagradable facilidad las catástrofes en las que uno participó, ya sean accidentes, violaciones, o el Holocausto Nazi.

Loftus, E. “The reality of repressed memories”, en American Psychologist, 48, pp. 518-537 (1993).


Shobe, K. K., Kihlstrom, J. F., “Is traumatic memory special?”, en Current Directions in Psychological Science, 6, pp 70-74 (1997).


Porter, S., Birt, A., “Is traumatic memory special? A comparison of traumatic memory characteristic with memory for other emotional life experiences” (2001).


2- La curación requiere el reconocimiento de las causas de los síntomas.



De nuevo, leamos el Diccionario de Laplanche-Pontalis, que define así la “Abreacción”:

“Descarga emocional, por medio de la cual un Individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de un acontecimiento traumático, lo que evita que éste se convierta en patógeno o siga siéndolo. La abreacción puede ser provocada en el curso de la psicoterapia, especialmente bajo hipnosis, dando lugar a una catarsis; pero también puede producirse de forma espontánea, separada del trauma Inicial por un intervalo más o menos prolongado.”

 Y Freud nos cuenta que:

«Las representaciones que se han vuelto patógenas conservan su actividad por el hecho de no hallarse sometidas al desgaste normal por la abreacción, y por la imposibilidad de su reproducción en los estados asociativos libres.” (Estudios (sic) sobre la histeria, 1895)

Lo que no explica que en un estudio sobre 42 pacientes en terapia analítica, la mitad mejoró sin saber nada de sus enigmáticos “conflictos medulares”, en tanto su mejoría se debía más al apoyo (lo no específico de la terapia) que al conocimiento supuesto de sí mismos.

Bachrach, H., Galatzer-Levy, R., Skolnikoff, A., Waldron, S., “On the efficacy of psychoanalysis”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 39, pp- 871-916 (1991).


No hay evidencia de que los conflictos de la edad adulta deriven de problemas infantiles…

Paris, J.,  “Myths of childhood”, Brunner/Mazel, New York 2000).

Y en “Freud scientifically reappraised:Testing the theories and the therapy” (1996), Fisher y Greenberg concluyen que “no hay ningún estu­dio que haya podido establecer una correlación, ni siquiera débil, entre la perturbación de las relaciones edípicas y una sintomatología neuróti­ca en un momento posterior de la existencia.”


Aparentemente, conocer nuestra historia emocional no es condición necesaria ni suficiente para librarnos de las aflicciones mentales, y de hecho, las psicoterapias no orientadas a la pesquisa del pasado personal –real o inventado- ofrecen a menudo mejores resultados.

Bloom, P. B., “Is insight necessary for successful treatment?”, en  American Journal of Clinical Hypnosys, 36, pp. 172-174 (1994).


Weisz, J. R., Donenberg, G. R., Han, S. S., Weiss, B., “Bridging the gap between laboratory and clinic in child and adolescent psychotherapy”, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 63, pp. 542-549 (1995).